BIBLIOGRAFIA:
Caro Baroja, J. Las brujas y su
mundo. Alianza Editorial. Madrid 2003
Violant y Simorra, R.. El Pirineo español, Plus Ultra Madrid 1949Dueso J. Historia y leyenda de las brujas de Zugarramurdi TXERTOA, 2010
No obstante, es muy probable
que la mayoría de las víctimas fueran absolutamente inocentes de practicar la
magia, y su acusación respondiera únicamente al hecho de haber sido delatadas
por otros procesados sometidos a tortura, o a la reacción de la comunidad ante
un hecho aparentemente inexplicable. Se debate actualmente hasta qué
punto algunas de las actividades atribuidas a la brujería, como la asistencia a
los aquelarres, tuvieron lugar en realidad, o son producto de la aplicación sistemática
de la tortura a los acusados.
Con esta medida del Inquisidor general , las víctimas del proceso de Logroño se encontraron, aunque
tarde, con inesperados defensores .Una de las personas a los que se le pidió opinión fue al humanista
Pedro de Valencia, que abordó el
asunto desde posiciones rompedoras para la época, haciendo una profunda
reflexión sobre la naturaleza de los cultos mistéricos, dejando la puerta abierta
para pensar que los hechos relatados estaban más cerca del paganismo que de la
brujería. Así eliminaba el carácter punible de las presuntas prácticas de brujería.
En el estrado principal, concluida ya
la lectura de las sentencias, se exigía a los reos que realizasen
las abjuraciones del caso. Luego, el inquisidor procedía a absolver
a los Penitenciados. Los condenados a muerte eran bajados del
estrado, tras lo cual el secretario inquisitorial los entregaban a
las autoridades civiles. Seguidamente, en procesión se dirigían
las estatuas y los relajados al brazo secular hacia el quemadero, que
se hallaba normalmente en las afueras, donde se encendían los
braseros u hogueras, ya que la quema de herejes no se hacía nunca en
el mismo escenario donde se había instalado el Auto de fe.
Este estallido de lo que los psicólogos llamarían sueños
estereotipados, un sueño repetido, fue
extendiéndose de pueblo en pueblo; noche tras noche, numerosas personas,
afectadas por la ola, soñaban que eran transportadas al aquelarre.
En estas reuniones veneraban a un macho cabrío con el fin de ofrecer
culto al Diablo para obtener de él riquezas y poderes. Esta palabra fue más
adelante adoptada por el español para referirse a las reuniones nocturnas de
brujas y brujos. Aunque el aquelarre puedes estar relacionado también con los
ritos de índole pagano llevados a cabo sin el consentimiento de la religión.
Si sabemos que el culto cristiano
y principalmente el católico, tiene una ceremonia capital en la que vienen
condensados todos los símbolos, todos los misterios teológicos, en suma todos
los fundamentos de la forma interna y externa de dicha religión y que esta
ceremonia es la misa, también debemos saber que el culto satánico de la brujería
desde la Edad Media, también tuvo su ceremonia, su simbolismo sintético que
abarcaba la protesta suprema contra una manera de vivir en torno a un Dios, en
cuyo nombre aquella sociedad, los jueces, los curas y los poderosos de la
tierra, anatematizaban, perseguían, encarcelaban, destruían, poniendo trabas al
pensamiento y desencadenando una guerra sin cuartel al rebelde de la idea,
encarnado en la aborrecible figura del hereje o el brujo.
Todo
lo que ya hemos comentado dará lugar al inicio del proceso inquisitorial contra las tenidas por
brujas y el consiguiente Auto de Fe.
Arrepentida
delatará a los brujos que había conocido, resultando inculpadas numerosas
personas y entre ellas,: Miguel de Goyburn, rey de los Brujos, su esposa
Graciana de Barrenechea, bruja y reina del aquelarre, y sus dos hijas Estevanía
y María de Yriart. 
